Se busca: líderes con visión

En los medios de comunicación y en la opinión pública, así como en los diferentes niveles de la clase política, la atención en todo este período parece estar concentrada en los temas de seguridad interna (la preocupación por los persistentes atentados con cuchillos y automóviles es evidente y comprensible), en el agravamiento de la situación regional y también, en gran medida, en la crecientemente acelerada generación de iniciativas parlamentarias y ministeriales tendientes a reducir -sino que a eliminar- las críticas y denuncias que no resultan del agrado del gobierno, iniciativas que cada vez más tienden a socavar las bases democráticas de la sociedad israelí .

Por detrás de esas situaciones, el telón de fondo común a todas ellas es la continuidad de la ocupación de los territorios conquistados en la Guerra de los Seis Días, con los asentamientos en esos territorios como hechos consumados y con el empecinado mantenimiento del estatus quo como línea de política.
En otros términos, es preciso reconocer que la carencia de soluciones al conflicto palestino.israelí -aún cuando esa carencia derive de culpas compartidas- es un factor central en la permanencia de las tensiones políticas que vive la sociedad israelí. Y a pesar de ello, se mantiene por parte del gobierno una obstinada negativa a explorar seriamente los caminos que puedan conducir a negociaciones de paz (apoyado aparentemente por una significativa porción de la población).

Por otra parte, el Centro Taub para Estudios de Políticas Sociales de Israel publicó -en la última quincena de diciembre de 2015- su Informe del Estado de la Nación 2015. La amplia gama de temas tratados abarca tanto aspectos económicos -con especial énfasis en el comportamiento y evolución de la productividad del trabajo y en los factores explicativos del alto costo de vida en Israel- como materias sociales, vinculadas en gran medida con la persistencia de la pobreza y de la desigualdad en los ingresos así como con fuertes desniveles en el funcionamiento del sector educativo.

Poco antes de la publicación de ese Informe, se dio a conocer el Informe Anual del Seguro Nacional (Bituaj Leumí) sobre Las Dimensiones de la Pobreza y de las Brechas Sociales, así como el Informe Alternativo de “Latet”, ambos comentados en una nota anterior (Los problemas sociales existen todo el año, en http://blogs.timesofisrael.com/author/benito-roitman). En todos esos documentos es notoria la inquietud por los problemas sociales y por la evolución económica -actual y futura- de Israel. Y aunque es justo reconocer que en el momento de sus respectivas publicaciones, los medios de comunicación se preocuparon por el contenido de esos informes y por discutir el alcance de los mismos, esa preocupación duró poco. Y así esos temas quedan relegados hasta la publicación de próximos informes (salvo que la reaparición de manifestaciones masivas, al estilo de las de 2011, obligue otra vez a centrar la atención en la injusticia social).

La sociedad israelí batalla con ambos tipos de problemas -los que atañen a la política por un lado y los que se refieren a lo económico y a lo social por el otro- sin que se vislumbre con claridad la forma en que éstos puedan irse superando. La impresión que se recoge más bien es que prevalece el mantenimiento de un estatus quo no se limita al ámbito político -con la prosecución de la presencia de Israel en los territorios ocupados- sino que se extiende al campo económico, donde se conservan estructuras duales que generan brechas entre los sectores de actividad y se perpetúa la concentración económica, y se prolonga también en el ámbito social, donde los niveles de pobreza y de desigualdad continúan vigentes, sin soluciones a la vista.

La paradoja de esta situación es que ella se constata en una economía y en una sociedad como la israelí, que ha mostrado durante largos períodos su potencial de crecimiento, que se ha destacado por la capacidad creativa y de innovación de sus científicos, investigadores y emprendedores en las fronteras de la tecnología, que generara en su momento instituciones sociales con alto contenido solidario, de amplio impacto dentro y fuera de fronteras.
Superar esta paradoja , volviendo a reorientar a esta sociedad y a su economía de manera que prevalezcan nuevamente los valores que alguna vez le resultaron naturales -solidaridad, justicia social, humanismo como forma de relacionamiento con el prójimo- es una tarea difícil pero no imposible. En algún momento se perdieron de vista muchos de esos valores, y la población parecería estarse acostumbrando a esas pérdidas y a aceptar, en su lugar, la vigencia de conductas basadas en el interés personal por sobre la cooperación, en la manipulación de las disposiciones legales y en la manipulación de la opinión pública.

Por ello, en esta difícil pero no imposible tarea de reorientación, hacen falta liderazgos libres de los compromisos que frenan hasta la inacción a la actual clase política, que incluye tanto la que configura la presente coalición de gobierno como la que constituye, hoy por hoy, la mal llamada oposición.